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jueves, 11 de noviembre de 2021

Cristina Peri Rossi recibe el Premio Cervantes 2021

 La escritora uruguaya Cristina Peri Rossi ha recibido el Premio Cervantes 2021, el más importante de las letras españolas.

El jurado la ha resaltado “la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros”, al tiempo que ha destacado que “su obra, puente entre Iberoamérica y España, ha de quedar como recordatorio perpetuo del exilio y las tragedias políticas del siglo XX”.

Peri Rossi nunca ha querido estar en ningún gran grupo editorial para evitar que le impusieran el tema sobre el que escribir o que fuera más comercial.
El pasado año publicó su último libro, "La insumisa", un ensayo de carácter autobiográfico que, como dice, "se ha convertido en bestseller en Uruguay y ha sido adoptado como texto universitario".

También en Uruguay, añade, se ha reeditado, cincuenta años después, su libro "Evohé: peomas eróticos", un volumen de poesía que estuvo rodeado de "mucha polémica" cuando salió en 1971, y no esconde su satisfacción por que "a finales de este año Visor publicará la poesía completa".

A continuación, dos poemas de la autora, extraídos de “Condición de mujer” (Arquitrave, 2005)

Palabra

Leyendo el diccionario
he encontrado una palabra nueva:
con gusto, con sarcasmo la pronuncio;
la palpo, la apalabro, la manto, la calco, la pulso,
la digo, la encierro, la lamo,
la toco con la yema de los dedos,
le tomo el peso, la mojo, la entibio entre las manos, la acaricio, le cuento cosas, la cerco, la acorralo,
le clavo un alfiler, la lleno de espuma,
después, como a una puta,
la echo de casa.


Proyectos

Podríamos hacer un niño
y llevarlo al zoo los domingos.
Podríamos esperarlo
a la salida del colegio.
Él iría descubriendo
en la procesión de nubes
toda la prehistoria.
Podríamos cumplir con él los años.

Pero no me gustaría que al llegar a la pubertad
un fascista de mierda le pegara un tiro.

No quisiera que lloviera te lo juro
que lloviera en esta ciudad sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo sin mí
llueve sobre la misma ciudad.
Quizás tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

jueves, 14 de noviembre de 2019

JOAN MARGARIT, Premio Cervantes 2019



El poeta Joan Margarit i Consarnau (Sanahuja, Lérida, 11 de mayo de 1938) obtiene el premio por una obra confesional donde conviven catalán y castellano. 
Casi una veintena de premios —entre ellos, el Nacional de Poesía y el de Literatura de la Generalitat (2008), el Iberoamericano de poesía Pablo Neruda (2017) o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (hace seis meses)— y una treintena de libros —donde sobresalen Estació de França (1999), Càlcul d’estructures (2006), Casa de Misericòrdia (2007), Un hivern fascinant (2017)— después, Margarit es rotundo: “Una es materna; la otra es adquirida y la quiero: no voy a renunciar a las dos lenguas, digan lo que digan los políticos”.
Con los años, los versos de Margarit se han hecho más descarnados, contundentes: la reconciliación consigo mismo no la ha hecho con medias verdades. “La mentira puede consolar, pero engañar no es consolar; se consuela diciendo la verdad, no la mentida”. Quizá por eso recomienda a quien no hay entrado nunca en su obra Joana (2002), donde refleja la muerte de su hija.

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR                                              

No tires las cartas de amor
Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.


SER VIEJO

Entre las sombras de los gallos
y los perros de patios y corrales
de Sanaüja, se abre un agujero
que se llena con tiempo perdido y lluvia sucia
cuando los niños van hacia la muerte.
Ser viejo es una especie de posguerra.
Sentados a la mesa en la cocina,
limpiando las lentejas
en los anocheceres de brasero,
veo a los que me amaron.
Tan pobres que al final de aquella guerra
tuvieron que vender el miserable
viñedo y aquel frío caserón.
Ser viejo es que la guerra ha terminado.
Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles.


CASA DE MISERICORDIA

El padre fusilado.
O, como dice el juez, ejecutado.
La madre: la miseria, el hambre,
la instancia que le escribe alguien a máquina:
Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,
Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos
en esta Casa de Misericordia.
El frío del mañana está en la instancia.
Hospicios y orfanatos eran duros,
pero más dura era la intemperie.
La verdadera caridad da miedo.
Como la poesía:
por más bello que sea, un buen poema
ha de ser siempre cruel.
No hay nada más. La poesía es hoy
la última casa de misericordia.

Enlace al artículo de El País cultural (2019/11/14)